La mente se domina si lo deseas, la conciencia se engaña, si así lo quieres, algunos no se arrepienten de nada o quizás se arrepienten de todo, igual da, igual nada se puede cambiar después de haber sido presa de un impulso, si se pudiera retroceder el tiempo algunos dicen que vivirían de nuevo lo ya vivido, aunque esto haya acarreado sufrimiento después del placer obtenido, ¿promiscuidad mental, moral, corporal?...sencillamente hedonismo…algunos solo buscan que cada átomo de su ser explore nuevas sensaciones con o sin las reglas establecidas por la sociedad: libertinismo, (Para los libertinos, la vida humana es estrictamente natural y la naturaleza es la perfección divina; los instintos no pueden ser restringidos y no hay pecado si el hombre se comporta de acuerdo a la atracción natural de placer físico.) Algunos viven de esa manera y no luchan contra su naturaleza, explotan sus más íntimos deseos, el principal vehículo: sus sentidos, como único objetivo el placer.
Esta tendencia se ha marcado deliberadamente en la mayoría de subculturas urbanas, (emos, floggers, punkeros, góticos, pokemones entre otros) el hippismo fue el abanderado de esta revolución sexual, pero en realidad todo esto es el reencauche del reencauche, un cliché, lo único distinto es que al parecer ahora es mas fácil salir del closet, si realizamos una línea temporal de la sexualidad seguramente encontraremos miles de años atrás a grandes civilizaciones como la romana o la griega entre bacanales viviendo su sexualidad a flor de piel sin remordimiento alguno, hoy en pleno siglo XXI muchos se asombran por estas tendencias y hablan de esto como una de las señales del fin del mundo, podríamos asombrarnos más por la inequidad social, el calentamiento global, los delitos de lesa humanidad, los genocidios, la privación de la libertad, entre otros tantos males que aquejan nuestra sociedad, ¿no será hora de que hagamos un repaso a la genealogía de nuestra moral?





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